Un proyecto no sirve de nada sin una buena evaluación. Por eso, además de que los objetivos y las actividades, deben estar planificados unos mecanismos que nos permitan verificarlos. Tal y como dice Rotger, la evaluación requiere un continuo seguimiento de los alumnos y alumnas sujetos del proyecto para poder corregir los errores que se den en el proceso de E-A.
Lo más lógico sería dar una definición del término evaluación en una entrada que trata de ello, para lo que podemos recurrir a teóricos como Castaño y Moreno, que consideran que es un término tan genérico que admite varias interpretaciones, lo cual puede llevar a confusión.
Una de las confusiones más destacadas es igualar los términos de medición y evolución, cuando éstos son distintos realmente. Medir hace referencia a informarnos sobre el grado en que se consiguen los objetivos propuestos, mientras que evaluar es comparar dicha información con criterios ya establecidos.
Otra confusión es que siempre se ha creído que la evaluación era la última etapa del proceso metodológico, cuando en realidad es un elemento más del proceso de E-A. Además, para que la evaluación sea eficaz, es necesario que tenga cuatro características: Tiene que emitir juicios valorativos; tiene que aplicarse sobre una actuación ya proyectada, aunque no tiene que estar necesariamente acabado; tiene que recoger datos continuos sobre el sujeto que se está evaluando y tienen que aplicarse criterios que garanticen la calidad del juicio emitido.
La evaluación debe llevarse a cabo a través de un proceso con características determinadas:
- Es necesario que tanto la medición como la valoración, estén presentes en el proceso global de la evaluación, aun sabiendo que ambas cumplen funciones distintas, pero son necesarias. A través de la medición se constata el estado actual de la situación que queremos evaluar y a través de la valoración se realiza una comparación entre los datos obtenidos en la medición y los parámetros de referencia.
- Debemos entender la evaluación como un proceso o sistema, establecida en
un conjunto de pasos que se ordenan secuencialmente (proceso) y actúan integradamente (sistema).
Es muy importante tener en cuenta que no solo existe una técnica a la hora de evaluar, sino que dependiendo de las características del proyecto, utilizaremos unas u otras.
Llevo un rato hablando de la evaluación y creo que no he dicho lo más importante... ¿Cuál es la finalidad de evaluar? Pues bien, la finalidad de toda evaluación es proporcionar a educadores y educados información sobre la consecución de los objetivos, así como de las estrategias utilizadas, permitiendo la mejora del próximo. Por lo tanto, la evaluación será útil tanto para el sujeto (valorar su proceso de E-A) como para el profesional encargado del proyecto (conocer su capacidad teórica y comunicativa en el campo en el que está trabajando.
Existen tres tipos de evaluación:
- Evaluación inicial o diagnóstica: Esta evaluación se propone, en principio, alcanzar un mayor conocimiento del alumnado (capacidades, intereses, necesidades, expectativas). Una vez logrado ese conocimiento acerca del alumno/a, el objetivo es adecuar las estrategias educativas y el proceso formativo, y que ellos mismos tomen conciencia de sus puntos de partida.
-Evaluación de proceso o formativa: El fin que persigue este tipo de evaluación es el de verificar, reflexionar y reconducir el proceso formativo siempre y cuando se hayan detectados anomalías que perjudiquen a la correcta aplicación de los objetivos. Esto hace necesario evaluar todos los elementos que forman parte del proceso educativo.
- Evaluación de producto, sumativa o final: Algunos autores también la llaman «evaluación administrativa». Este tipo de evaluación, tiene por objetivo verificar la eficacia del proceso de E-A, centrándose en el análisis de los resultados del proceso.
Como ya hemos dicho anteriormente, un proyecto no es simplemente el cumplimiento de una serie de objetivos, sino la adquisición de una serie de competencias.
Tradicionalmente, la evaluación se ha llevado a cabo a través de varias pruebas, lo que conocemos por exámenes. Sin embargo, la psicología cognitiva ha establecido que, además de las tradicionales, se requieren otras formas de evaluar a los alumnos, comprobando no solo la adquisición de conocimientos, sino también cómo almacena, guarda y recupera esa información en las pruebas que se le presentan.
Por tanto, evaluar se convierte en la intención de realizar juicios acerca del desarrollo individual y del grupo con el que se trabaje, demostrando la adquisición de una serie de objetivos y competencias.
El educador estará satisfecho con su trabajo si la evaluación da buen resultado.